El sentido del autocuidado
El autocuidado no como exigencia, sino como práctica de sostén.
Hablar de autocuidado se ha vuelto frecuente. A veces lo escuchamos como un mandato más: “tienes que cuidarte”, “ponte límites”, “date tiempo para ti”. Sin embargo, muchas veces esas frases generan más presión que alivio. Desde Rizoma entendemos el autocuidado no como una obligación individual, sino como una práctica que se construye en relación, en contexto y en proceso.
Cuidarse no siempre es descansar, darse un gusto o desconectar. A veces cuidar implica pedir ayuda, reconocer el cansancio, poner palabras donde antes había silencio. A veces cuidarse es sostener lo cotidiano de otra manera: organizar lo urgente, aceptar lo que no se puede, o simplemente no exigirse tanto.
Cuidar(se) es también una forma de vínculo
En los acompañamientos que realizamos, vemos que el cuidado se aprende en relación. Nadie se cuida del todo sola. Aprendemos a cuidar y a cuidarnos en los vínculos: cuando alguien nos escucha, nos nombra con afecto, nos ofrece tiempo, o nos enseña que merecemos descanso y respeto.
Por eso, el autocuidado no es un acto aislado, sino una práctica que se nutre de la red que nos sostiene. Cuidarse es también abrir espacio a la reciprocidad, reconocer que otras personas pueden acompañar, aliviar o compartir el peso.
Recuperar el cuerpo y el tiempo
A menudo el cuerpo es el primero en avisar cuando algo no está bien. El cansancio, las tensiones o el insomnio son mensajes que nos recuerdan que no podemos seguir sosteniéndolo todo. En Rizoma pensamos el autocuidado como un proceso de reconexión con el cuerpo y el tiempo, donde cada persona pueda revisar su manera de habitar las exigencias diarias y el modo en que se trata a sí misma.
Cuidarse implica escucharse. Escuchar al cuerpo, a la emoción, al pensamiento que insiste. Hacer silencio, por momentos, para reconocer lo que necesitamos.
Autocuidado y acompañamiento
Desde el acompañamiento con enfoque psicosocial, entendemos el autocuidado como una práctica que no se limita al bienestar personal, sino que tiene una dimensión social. Cuando una persona puede cuidarse, también cambia la manera en que se vincula con los demás.
Por eso, en Rizoma no hablamos de “recetas” de autocuidado, sino de procesos: cada quien necesita construir su propio modo de sostenerse, de encontrar sentido y equilibrio en medio de las demandas cotidianas.
Acompañamos esos procesos desde la escucha, la reflexión y la búsqueda de herramientas que ayuden a reconocer lo que está ocurriendo y a actuar desde un lugar más consciente y amable.
Cuidarnos como parte de la red
Cuidarse no es un gesto individualista, es un gesto que fortalece la red. Cada vez que una persona se cuida, cuida también a quienes la rodean: su familia, su entorno, su comunidad.
En tiempos en los que la velocidad, la productividad y el desgaste parecen imponerse, cuidarse puede ser un acto de resistencia, una forma de recuperar humanidad y presencia.
En Rizoma creemos que el autocuidado no es un lujo, sino una necesidad vital. Es parte del proceso de construir vidas más sostenibles, relaciones más saludables y formas más justas de estar en el mundo.
🌱 Cuidarse también es acompañarse.
Y acompañarse, en Rizoma, significa crear espacios donde la vida pueda ser escuchada, sostenida y reparada.